Se nos acaba el mes y nos vamos acercando poco a poco al principio de la crisis sistémica. Como tenemos algo apartadas las cuestiones teóricas, hoy me gustaría hablar de cómo las subvenciones influyen en la economía de una empresa y, a la larga, a la economía.
Para empezar, hemos de tener claro que una empresa, para mantenerse a flote, ha de ser competitiva, tener un buen producto y una buena gestión (sí, entre otras muchas cosas). Si la empresa, bien por que su maquinaria esté obsoleta o porque sus empleados no sean lo suficientemente productivos, obtiene sus productos a un coste mayor que sus competidores, aún suponiendo que todos vendan al mismo precio, obtendrá menos beneficios. Al alargar esta situación, los competidores siempre estarán en disposición de más capital, si solo tenemos en cuenta los beneficios, a la hora de realizar nuevas inversiones.
Con el tiempo, la empresa mejorará su competitividad o será destruida por la competencia. ¿Pero que pasa si la subvencionamos? Al entregarle una cantidad sustancial de dinero, la empresa puede invertirlo en mejorar su competitividad o puede acomodarse en su posición, ya que el beneficio que no genera por sí misma es completado por la transferencia (a menudo sin contrapartida), desde el Estado, que supone la subvención.
Ahora, pensad en el subsidio por desempleo.
Pensad que igualmente hay dos posibilidades.
¿La actitud marca la diferencia?
